La labor del docente

El verano más raro de lo que llevamos vivos toca a su fin. Eso significa, para los que nos dedicamos a esto de la docencia, que hay que volver al cole.

Va siendo hora de volver al cole. Photo by Element5 Digital on Unsplash

Para mi, y no quiero aburrir a nadie con batallitas personales, ha sido un verano raro. Acabé muy tarde el curso (hasta el 27 de julio con labores de coordinación y preparación del próximo curso) y en agosto he andado metido en algunos proyectos que no me han dejado descansar demasiado. Que no ando con las pilas demasiado cargadas, vaya.

Y luego vas a los medios de comunicación, y a Twitter, y te medio desesperas. La situación es francamente lamentable. Y no voy a dedicar este post a hablar de los que nos gobiernan o de lo mal que pinta todo. Creo que ya hay bastante escrito (y lo que se escribirá).

Lo que ocurre es que la falta de descanso y lo complejo de la situación me ha llevado a reflexionar sobre la labor del docente. Parece que se nos pide mucho: transmisión de conocimientos, educación en valores, desarrollo de destrezas personales en el alumnado, ayudar (o liderar) la conciliación, etc… pero, en qué consiste nuestro negocio exactamente?

Consiste en enseñar. O no. Espero que no sea esto, porque no siempre lo conseguimos, y, sólo en contadas ocasiones, hasta el punto en el que nos gustaría. Hay que ser conscientes de que no todos nuestros estudiantes quieren aprender, y eso es un obstáculo que ni el muro de Trump. Enseñar es una palabra muy grande,oiga.

Consiste, entonces, en educar? Fuá! Esta palabra es aún más grande para un solo grupo de personas, los profes en este caso. La educación, creo, va más allá de lo que te cuentan en clase o del ejemplo que puedes tomar (para lo bueno y para lo malo) de tus docentes. En la educación de una persona entran tantos factores, tantas personas, tantas vivencias y variables que, como mucho, los docentes serán una pequeña parte de la educación que una persona reciba a lo largo de su vida. No creo que sea esto tampoco, Mari Carmen.

Esperemos, por otra parte, que la labor del docente no sea la de la conciliación. Todo mi respeto a las guarderías y centros de ocio infantil y juvenil, pero, oiga, habrá que ir más allá, no?

Creo que a estas alturas ya se me ve el plumero. Sí. Estoy haciendo eso de ponerte por delante algunas ideas para, de un modo un poco maniqueo, llevarte al huerto con la idea que te voy a lanzar a continuación. No es menos cierto que, como te acabo de desvelar mi estrategia, ni te vas a sorprender ni podrás decir que no te avisé. Allá va:

La labor del docente, creo, es la de ofrecer las mejores situaciones de aprendizaje posibles a su alumnado. Estas situaciones tendrán un poco de todo: de enseñanzas, de educación y de conciliación, pero no creo que la responsabilidad del docente tenga que ir más allá de procurar hacer las cosas bien.
Me explico. Si nuestra responsabilidad es que el alumnado aprenda, el fracaso escolar es nuestro. Si es que mejore la sociedad, cada vez que vemos barbaridades en las noticias es culpa nuestra. Si debemos responsabilizarnos de la conciliación, cuando un trabajador tenga turnos interminables nos mirará con mala cara.

Y es que nos pasa un poco esto. Se nos ha cargado con una mochila de responsabilidades que no somos capaces de llevar a la espalda. La sociedad, muchas veces alimentada por la clase política y los medios de comunicación, exige resultados de los docentes que no podemos cumplir. Misión imposible, amigo.

Metáfora de la vida docente: cuesta arriba y mochilón. Photo by Simon Migaj on Unsplash

Y es que estamos en precario. Una de las cosas que todo docente aprende tarde o temprano es que nuestro negocio consiste en elegir qué vas a hacer con los medios con los que cuentas. Nunca son suficientes.

No tienes tiempo para atender todas las necesidades educativas de tu alumnado, no tienes suficientes recursos económicos para dotar tu aula, no tienes los conocimientos necesarios para ayudar a estudiantes que pasan por momentos personales difíciles, o para diagnosticar casos de COVID-19…

Así que de lo que creo que nos podemos y debemos responsabilizar es de eso que decía antes: ofrecer las mejores situaciones de aprendizaje que podamos.

Y lo demás, amigo, es responsabilidad de todos. Es responsabilidad de las familias, y de los políticos y de la sociedad en general hacer que el alumnado vea estas oportunidades de aprendizaje como importantes y necesarias, es responsabilidad de todos dotar a los centros educativos de los medios necesarios para ofrecer al alumnado la educación que merecen.

Es responsabilidad de todos, y así lo hemos de entender. Y hasta que no lo entendamos como sociedad, los docentes seguiremos en precario.

Y no, no es algo que vaya a ocurrir en breve; ni siquiera en situaciones tan extremas como la que vivimos somos capaces de hacer este tipo de lecturas. Habrá que seguir, no obstante, trabajando duro para que esas situaciones de aprendizaje que proponemos sean cada vez mejores.

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